En algún momento de la cotidianidad, me preguntaba, ¿qué sucede en la actualidad para que exista un aumento en la violencia en los jóvenes?
Viendo la televisión, veía a niños de secundaria, bueno, adolescentes que ingresaban a la escuela con armas, otros que ya vendían drogas, padres de familia que llegaban a golpear a otros niños porque les habían pegado a sus hijos, o bien, hasta los mismos adolescentes sabían a quién tenerle miedo, ya que era alguien del cártel o sus familiares se dedicaban a algo ilícito.
Ese constante crecimiento de la violencia sí, claro, puede ser un acto desencadenante para que los adolescentes sean más violentos, pero no es determinante, así como la crianza de los padres. Vamos punto por punto para ir entendiendo, a mi forma de ver, qué está sucediendo.
En primera si bien la crianza de los padres se ha vuelto más permisiva, ya sea por el miedo a que los hijos sufran lo que yo sufrí, o porque no les puede faltar nada a los hijos ya que por eso tienen madre y padre, se debe colocar un límite, ya que el darles todo puede llegar a crear en ellos un pensamiento de merecer todo sin un esfuerzo, lo que lleva a no asumir las consecuencias de sus actos.
No podemos decir que los padres son culpables ya que muchas veces ese tiempo que no les dan, ya que tienen que salir a trabajar y entendamos, en cada momento de la vida, va siendo más cara y un sueldo para mantener a la familia ya no es suficiente, las ausencias se van creando y si no se tiene un control con los hijos de sus movimientos, eso puede crear en ellos un sentimiento de no pertenencia o de querer llamar la atención de una muy mala manera.
El juntarse con amistades que los “entiendan”, pero para ello tener que pasar un proceso para ingresar al círculo, es lo que los lleva a realizar peleas, faltarles el respeto a los profesores o matar animales.
Si bien no es tener un control excesivo de los adolescentes ni caer en miedos enfermizos, sino encontrar un equilibrio: si salen a trabajar, intentar en la cena o bien en los días de descanso de los padres poder compartir momentos con los hijos, escucharlos, platicar y entender qué sucede en su entorno y con qué personas se juntan.
Ya que no es garantía de que, al escucharlos y compartir con los hijos, no tomen malas decisiones, lo único que sí podemos hacer es colocar límites y reglas en casa. Si bien en la adolescencia lo que menos funciona es un castigo directo, se debe dar la negociación, donde se coloquen responsabilidades en el adolescente y entienda que cada acción conlleva una consecuencia.

Si bien la ausencia de los padres puede ser un factor para el aumento de la violencia, no podemos dejar de lado que la época y la sociedad también juegan un papel importante; entre más permisivo sea el gobierno con las leyes, existan menos consecuencias o bien se sigan cometiendo actos donde el respeto por las autoridades continúe en decadencia, se genera en la sociedad un sentimiento de hacer justicia por sí mismos.
Como ven, es un todo: cada parte de la cotidianidad va marcando situaciones de la vida, donde cada una de ellas nos lleva a entender que ser permisivos en el gobierno, como en casa, no ayuda a aminorar la violencia, ya que la mayoría de los adolescentes son muy fáciles de manipular para tomar una mala decisión.
Es por eso que debemos generar sistemas con reglas claras, donde la permisividad sea menor, obviamente sin violentarlos, ya que los golpes siempre van a generar un alejamiento de quien los proporcione.
Así como los pequeños actos de burla a la autoridad, tanto en casa como afuera, recordemos, y eso será otro escrito, el saber que los valores no desaparecen ni se modifican, pero muchas veces los usamos a modo de beneficiarnos.

