El término sportwashing ha generado popularidad en los últimos días, pues hace alusión a un “blanqueamiento deportivo”, es decir, se trata de la llegada de grandes eventos deportivos a diferentes países con la finalidad de limpiar la imagen de éstos.
Y a propósito de ello surge la dualidad, sobre todo en los que vivimos en sedes mundialistas, de disfrutar un deporte que puede gustarnos, pero también por otro lado ser conscientes de la realidad que vive nuestro país.
En estos días de fiebre mundialista es común escuchar ambas posturas, por un lado la de los espectadores que disfrutan: los partidos, los eventos, la convivencia con extranjeros, entre muchas otras actividades que se tienen por ser sede mundialista. Pero a la par se escucha comentarios sobre todo lo que estos eventos pueden “tapar”, es decir, sobre todos los conflictos políticos, de seguridad, salud o economía que atravesamos.
Desde la psicología sabemos que los seres humanos podemos experimentar emociones contradictorias al mismo tiempo. Podemos sentir entusiasmo por un evento deportivo, disfrutar la convivencia y la emoción colectiva, y al mismo tiempo preocuparnos por los problemas sociales, económicos o de seguridad que enfrenta nuestro país. Estas emociones no se excluyen entre sí; forman parte de la complejidad de nuestra experiencia humana.
Considero que no se trata de estar en un de un lado o de otro, sino reflexionar y ser realista con el tema, puedes disfrutar de ser expectador del futbol y de la experiencia de que el mundial llegue a tu país, sin olvidar que éste vive situaciones complejas en la cotidianidad, el objetivo no gira entorno a sentir o no culpa por disfrutar, es seguir siendo conscientes de lo que acontece en el día a día.

Si bien es cierto que no podemos cambiar de la noche a la mañana los conflictos que acontecen en nuestro país, es importante pensar desde nuestro lugar que podemos hacer para ser mejores ciudadanos, México es un país que tiene la capacidad de inventarse y reinventarse, esta unión que se genera ante desastres o siendo fanaticos de nuestra selección, puede aplicarse en otros contextos benéficos para nuestro país.
Tal vez el desafío no sea elegir entre disfrutar o criticar, sino aprender a hacer ambas cosas al mismo tiempo: celebrar aquello que nos une como sociedad sin dejar de mirar con responsabilidad aquello que necesita cambiar. La conciencia crítica y el disfrute no son enemigos; pueden coexistir cuando mantenemos una mirada reflexiva sobre nuestra realidad.

