En la actualidad muchas personas hablan de enfermedades, algo tan interesante como caótico, pero vamos viendo el tema, ¿qué sucede cuando alguien se sabe enfermo?
No es algo que nos guste o que podamos pasar desapercibido, a través de los años hemos visto grandes avances médicos, donde se nos indica que con una pastilla, o con una inyección ya no pasa nada, tratamientos preventivos para poder vivir la vida sin consecuencias, pero la realidad nada es tan eficaz contra el sentimiento de perder la salud.
Si bien no tener salud nos lleva a vivir un proceso de duelo, un proceso donde todo lo que creemos se nos viene encima, habrá quien pueda decir, pero mira con una pastilla toda la vida vas a estar en calma y son menos dificultades, pero eso es una realidad que al inicio de saberse enfermo no podemos tolerar.
Desde la aceptación de la enfermedad es lo que va a llevar un buen apego al tratamiento, ya que muchas veces caemos en una negación enorme, pensando que no necesitamos el medicamento o que podemos salir adelante, sin necesidad de médicos o que sabemos más que ellos.
Se comienza a buscar ayuda de inteligencia artificial, de curanderos o bien de aquellos remedios antiguos, que, si bien no es malo, ya que es una forma de transitar con el nuevo diagnostico y con una nueva realidad, que se va dando muchas veces por consecuencia de malos hábitos alimenticios, es en ese momento cuando puede calmarse un poco la ansiedad.
Pero tenemos otra parte que es el que se nos hereda y nos da un diagnostico de una enfermedad crónica degenerativa que nos evita hacer actividades, también con lleva un enojo hacía la familia, hacía quien lo hereda, pero lo peor que se puede hacer es entrar en ese enojo y no buscar solucionar todo.
Pero vamos ¿a quién le gusta saberse enfermo?, es una manera de enfrentar muchas situaciones, sobre todo cuando llega con bastantes restricciones, que pueden ser físicas o alimentarias, donde se impide que generes una vida “normal” y eso nos coloca en un lugar de vulnerabilidad, de estrés, pero sobre todo de mucho enojo, que nos hace ocultar la tristeza de lo que realmente se siente.
Ya que estas perdiendo la salud, se pierde todo eso que alguna vez se tuvo y perder un objeto o situación tan valiosa, nos lleva a las eternas preguntas de ¿por qué a mí?, ¿qué hice para merecerlo?, en algunas ocasiones a cuestionarnos la fe o si es un castigo divino.
Pero si es un castigo, ¿de qué se nos castigaría? El problema real es ese, cuando la enfermedad se ve como un castigo y no como consecuencia, esto provoca que no se logra hacer una amistad con la enfermedad y se tiene una pelea, que solo nos llevara a una situación más crónica.

Se que se escucha muy mal el decir hacer amistad con la enfermedad, pero en verdad es la única forma en la que podemos enfrentar y transitar de una manera menos agresiva la enfermedad, ya que es encontrar esa resignificación y no resignación, para poder enfrentarla y salir de ella.
La realidad es que a nadie le gusta saberse enfermo y si no has vivido el duelo por la salud o continúas negándola, te invito a que entres a una terapia para encontrar esa tranquilidad y esa reconciliación que te llevara a mejorar la salud y no a continuar lastimándote más.
Las personas en nosocomios podrán decir, que no es fácil o que es algo impensable, pero entre menos se acepte, más difícil es el transitar, en esos momentos ya no importan tanto lo que se hizo o no, aunque tener una respuesta ayuda, pero lo que debe tener tu atención completa es asumir la enfermedad, hacer las paces y comenzar a tratarla con el medicamento para erradicar o controlar.
Si esto llega en un tiempo muy lejano, puede que la enfermedad no tenga ya solución, pero también es valido sentirte enojado, gritar, preguntar y cuestionar la fe, pero después de todo eso, solo queda aceptar para avanzar hacía buscar una mejor solución y sobre todo para que el tratamiento sea mas eficaz.

