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Hasta lo que no comes te hace daño

Estimado lector

Hay una frase popular que seguramente has escuchado alguna vez en tu casa, con amigos, a los vecinos y es “Hasta lo que no comes te hace daño.”Parece una expresión divertida, pero si la llevamos al terreno de las relaciones humanas puede adquirir un significado sorprendentemente profundo.

Porque hay personas a quienes no solamente les preocupa lo que sucede en su propia vida, también les preocupa lo que hacen los demás, la pareja del amigo, la compañera de trabajo, la hermana, el cuñado, el conocido y ahora, gracias a las redes sociales, incluso la vida de personas que jamás han conocido.

Les preocupa quién se casó, quién se divorció, quién volvió con su pareja, quién tiene una relación con alguien mucho más joven, quién decidió no tener hijos, quién cambió de trabajo, quién engordó, quién adelgazó, quién se hizo una cirugía, quién viajó, quién compró algo que aparentemente no podía pagar, quién publica demasiado, quién no publica nada.

Y de pronto ocurre algo curioso, la vida del otro comienza a afectarnos como si nosotros tuviéramos que vivirla. ¿Por qué nos importa tanto lo que hacen los demás?, tener una opinión sobre las acciones de otras personas es completamente humano, vivimos en sociedad, tenemos valores, creencias y formas diferentes de comprender la vida.

El problema comienza cuando ya no solamente observamos sino necesitamos juzgar, “Yo jamás haría eso.” “¿Cómo puede vivir de esa manera?” “Seguro lo hace para llamar la atención.” “Ya viste con quién anda.” “Yo no permitiría que mis hijos hicieran eso.” “¿Para qué se compró eso?” “¿Viste cómo salió vestida?” y quizá deberíamos detenernos antes de continuar hablando del otro y hacernos una pregunta: ¿Por qué lo que esa persona hace con su vida produce tantas emociones en la mía?

Déjame decirte que el otro también puede funcionar como espejo,desde el psicoanálisis sabemos que nuestra relación con los demás nunca es completamente neutral, miramos al otro también desde nuestra propia historia, desde nuestros deseos, nuestros valores, nuestros temores, nuestras frustraciones, nuestras prohibiciones, y nuestras propias elecciones.

Por eso determinadas personas o conductas pueden provocarnos emociones particularmente intensas, en ocasiones, aquello que observamos afuera toca algo que existe dentro de nosotros, de manera sencilla, la proyección puede implicar atribuir al exterior determinados sentimientos, impulsos o aspectos propios que resulta difícil reconocer como nuestros.

Pero debemos tener cuidado con una idea muy difundida: no todo aquello que criticamos en los demás significa que secretamente deseamos hacerlo, si una conducta contradice nuestros valores podemos rechazarla. La pregunta aparece cuando la reacción parece desproporcionada, cuando aquello nos persigue, cuando necesitamos hablar continuamente del tema, cuando queremos que los demás también condenen a esa persona, cuando la vida ajena comienza a ocupar demasiado espacio dentro de nuestra propia vida, entonces quizá convenga preguntarnos ¿Qué está tocando esto en mí? tal vez el otro se permitió algo que tú no, enocasiones aquello que nos molesta del otro no es necesariamente lo que hizo.

Hay otra posibilidad todavía más incómoda del porque juzgamos, mientras observamos la vida de los demás, podemos evitar mirar la nuestra, es más sencillo hablar del matrimonio del vecino que preguntarnos qué sucede en nuestra relación, es más fácil cuestionar cómo alguien educa a sus hijos que revisar nuestra manera de relacionarnos con los propios, es más entretenido hablar del cuerpo de otra persona que preguntarnos cómo nos sentimos con el nuestro. Como vemos es más fácil criticar a los demás que ver si estas satisfecho con las decisiones que has tomado, entonces ¿estas contento con las decisiones que has tomado? 

El juicio puede convertirse entonces en una distracción, mientras la mirada permanece afuera, no necesita dirigirse hacia dentro. Pero vivir permanentemente mirando el plato de los demás puede hacer que olvidemos disfrutar aquello que tenemos servido en el nuestro.

¿Cuánto tiempo de tu vida estás dedicando a vivirla… y cuánto a observar cómo viven los demás?

Psicologa Araceli Frias

@hadlapsic

Mi nombre es Davyd, desde la adolescencia me he desarrollado en el ámbito de la tecnología de la información. Soy desarrollador, pero también creador de contenido. Me gusta el arte, la música, los viajes, la ciencia, la psicología, la fotografía aunque no he incursionado mucho aun en esto último, pero en estos próximos cinco años lo haré.

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